jueves, 24 de junio de 2010

IN-CRECIENDO

Hay más de una forma de alcanzar la mediocridad absoluta, pero hay una que es la que más lamento y es esa que incluye el desprecio.
Porque desinteresarse en la superación del propio espíritu es, al menos, un acto personal e inalienable. Es una autodestrucción de la que el individuo que se la provoca a sí mismo deberá pagar el precio.
Pero la altanería y la displisencia hacia los afectos me resulta lo más bajo. La ingratitud cierra puertas y entorpece los caminos de la superación.

Lo digo y miro hacia adelante. Busco complicidad o coincidencia. Solo veo cabezas gachas, miradas esquivas, falta de responsabilidad sobre las consecuencias de los propios actos.

Eso sucede generalmente con personas que se estancan a mitad de camino entre la niñez y la madurez, entre la inexperiencia y la superación. Ese rasgo de nuestra primera vida donde solo demandamos el afecto pero carecemos del concepto de compartir. Somos esponjas de atención y cuidado y no conocemos la culpa por no entregar nada a cambio.

Vale el espíritu infantil pero no infantilizado. Lo primero conlleva frescura, espontaneidad, sorpresa y aprendizaje. Lo segundo solo traduce inmovilización, falta de imaginación, regreso a lo que ya pasó pero no regresará jamás. Algo que se perdió, estancado detrás, y del que no se rescató nada para la posteridad.

Me queda, al verlos en su burbuja de nuncajamás, la paz de mi propio intento y la certeza de que existe en mucha gente el impulso y la vehemencia para rebasar los límites.
La calma de saber que podemos elevarnos más allá de lo que el azar propone e impone.
Solo nos queda encontrarlo en la naturaleza de grandeza de cada persona.

jueves, 17 de junio de 2010

IDEAS COMO LEYES


Muchos creemos que solo conviene la medianía y tememos que muerda a cualquiera que se escape de ella por alguna parte.

Mientras, hay algunos pocos que buscan dejar huella mientras tengan tiempo y espacio.

En honor a una persona que buscaba incesante un mundo más bello, posible por el potencial de cada una de las personas que lo habitamos.

Un ser que primero valoró lo que a él le fue regalado y supo después entregarlo a los demás en cuerpo y alma.

Los hombres mediocres, que no saben hacia dónde llevar su vida, solo pueden esperar tener otra vida más infinitamente larga.

miércoles, 16 de junio de 2010

LEJOS Y LEJANOS

Adoptar el camino más largo acorta distancias. Acerca nuestra limitada visión a realidades que no nos son propias. Nos empareja por un rato con aquellos que la tienen complicada por imposición.

Se trata de solo apoyarse en las pisadas de quien antes ya anduvo por ese camino. El esfuerzo de los ajenos debe acercarnos a lo propio de nuestra vida y temperar nuestros agobios.

Las elecciones, la compasión, saberse vulnerable, temerle al conformismo.

Todo me remite a un nuevo camino. Cada nueva mañana un nuevo inicio. Cada nueva decisión un nuevo yo.

La realidad es que el camino no es más largo, sino los pasos más cortos.

lunes, 14 de junio de 2010

DESCONCIERTO EN MI MAYOR (SOLO PARA CUERDAS)

Sin saber cuáles son los límites que los dividen entre ser gentiles y ser unos canallas, sucede a menudo que lo que comenzó como un simple afán por saciar una carencia urgente termina transformando a esas personas en entes viles, adictos y compulsivos. La pérdida de la identidad que les genera su avidez por conseguir más (por tenerlo todo para sí mismos) los lleva a transformarse en objetos de compra y venta tanto como lo son esos objetivos que avaramente persiguen con sus conductas acaparadoras.

El concepto del largo plazo los aburre, se relacionan tibiamente con el futuro. O llega la satisfacción ahora o reemplazan la pulsión por una nueva, que otra vez los dejará insatisfechos.

Hay tanta hipocresía en sus interpretaciones que no pueden distinguir entre lo que ellos ven de la realidad y lo que desde afuera se les impone como criterio realista. Así son pragmáticamente serviles ante un sistema que necesita de su pérdida total del sentido de responsabilidad del otro para transformarlos (imperceptivamente) en aficionados al individualismo.

Son utilitarios de un círculo vicioso que repelen pero que a la vez retroalmientan y generadores de sus propias paranoias de las cuales no pueden responsabilizarse más tarde.

Se desacreditan a sí mismos, cambian de vínculos tanto como de principios y les resulta más fácil desecharse que reciclarse. Se dejan coaptar creyendo que son ellos quienes toman las decisiones, sin reparar en la recurrente frustración que los lleva a una pobre valoración sobre sí mismos.

Cada vez es más corto el recorrido entre su criterio de hoy y el que vendrá dentro de un rato. Y así, en poco tiempo, serán tantas personas a la vez en un solo minuto que estallarán confundidos, no sin antes asegurarse de culpar a los de afuera.

Estas personas creen manejar los códigos de un método de vida eficaz e intentan imponerlos, comunicarlos como la última y única verdad, inconcientes de su propia ceguera. La construcción de la autoestima en base a la cercanía o no a esta falsa idea de realización personal es regodearse en la desgracia.

Saber decir que no. Saber poner el límite. Saber que lo que nuestra entraña nos dice en primera instancia seguramente tenga que ver con lo que menos nos lastimará.

Para mi ellos son paredes, por las que yo construyo puertas y atravieso sin mirar atrás.

Que se guarden donde mejor les quepa los espejos de colores y que se tomen un té mientras piensan cómo explicarán a sus hijos un proceder semejante.

miércoles, 9 de junio de 2010

CAPITALISTA

Ordenando los estantes, quitando el polvo ofuscado, adquiriendo convicción y descartando dudas inútiles.
Discrepando para atinar, refutando para hechizar, adiestrando para espigar.

Sacando provecho de los útiles pálpitos.

Desatendiendo torpes vacilaciones me dirijo a ese lugar, al que siempre vuelvo, el que nunca me deja. Con mis personales incertidumbres, que las hice mías tanto como a mi propia vida, crezco solamente para desconocer. Para ser inconsciente. Para nunca dejar de serlo.

Incomprensión propia de mis intentos por ver detrás del muro de los lamentos, sin dejar de saltar para no aburrirme jamás.

Porque no estaba acá, y acá es donde llegué pero no es acá donde voy a continuar.

Discurriendo aleccionada, ya sin desbordes ni llantos que ahoguen, sin mochilas estériles que desmoralicen el caudal de lo que está por venir.

Es así como podrán verme.

Tal vez impropia pero nunca propiedad ajena.

martes, 8 de junio de 2010

FROG FROM ANOTHER HOLE

Sapo de otro pozo: Sí

Víbora de ese pantano: Ni por toda la plata del mundo

Sin miedo a resvalarme con mi propia suciedad porque está donde debe estar.
Ni esparcida alrededor ni acumulada dentro mío. Sólo donde debe estar.

jueves, 3 de junio de 2010

EN EL MEDIO... NADA

Estar en el cielo y el infierno al mismo tiempo es haber aceptado ser desintegrado, derretido y evaporado.

Convertirse en la propia nube, ser la propia lluvia y la propia inundación.

Sumergirse y ahogarse.

No trascender por elección.

Todo esto a cambio de un efímero instante de falsa y verde vida. De días más cortos que esa persistencia en la indefinición.

Porque estancarse en la puerta de la bifurcación nos lleva a ser aplastados por una horda de convicciones ajenas.


No todas las oportunidades son trenes de un solo viaje.

Algunas son túneles por el que podemos pasar sin ocasión para retroceder.

viernes, 28 de mayo de 2010

CONTRA-ADICTIVO

¿Cuánto tiempo está un ser humano predispuesto a desperdiciar? La rosca de la culpa se acopla a la inactividad y construye engranajes perfectos para un sistema que teme al cambio y calca actitudes, una sobre otra, una sobre otra...

El remordimiento es, en su anatomía, una sucesión amorfa de palabras vacías si no muestra en acciones una mínima elevación de espíritu.

Es en su esencia, inconducente mientras no persiga evitar la repetición y aliviar el desconsuelo.

Y es de trato peligroso cuando tiene cara y careta; la imitación fidedigna del altruismo... benevolencia interesada.

Solo volutas de insustancial discurrimiento bajo el que simulamos ser catedráticos del misterio de la vida mientras que al mismo tiempo no podemos reconocernos como seres apasionados, capaces de dar forma, aunque más no sea, a una vaga respuesta a nuestra incertidumbre.

Somos seres disonantes. En ciertas oportunidades, holgazanes. Por momentos, amorfos. En ocasiones, autodestructivos. Mayormente, inquisidores.

Esporádicamente, somos capaces de procrear milagros.

Pero claro, más fácil es mirar la pared rota y lamentarse que enfrentar el espejo y, luego del espanto, reedificar y engrandecerse.

jueves, 20 de mayo de 2010

CULPAHABILIDAD

¡Oh, indigno ser humano, rata espantosa! ¡Eso soy! ¿Cómo puedo ser así..? No tengo perdón...

Decirse causante excusa a los faltos de oficio en el arte del buen juicio (del buen juicio sobre sí mismos, obvio). Su incapacidad para cambiar la realidad que los somete los vuelve ciegos por conveniencia, fríos por temor e inoperantes por obligación.

La cueva de la victimización es su mejor coartada ante el reclamo del régimen que encauza el sano vivir.
Pura cobardía disfrazada de altruismo quiere ocultar una total inconsciencia del otro y así pretenden limpiar las culpas en sus mediocres cavilaciones post facto.

Inmaduros y medrosos, pocas veces merecen la bendición del desafío y la oportunidad.
Ante tantas otras personas que atesoran la existencia que les ha sido dada son estos especímenes los que me hacen desear el inexorable equilibrio de la sabia naturaleza.

La potencia creadora no es para cualquiera pero sí lo es para muchos el arrojo del intento.
Qué carente es no variar por costumbre.
Qué miserable es no temer al universo y su sentido de la equidad.

miércoles, 19 de mayo de 2010

CÍCLICAMENTE INMUNE

Un septeto en el aire, en ese estado que se ubica entre el miedo a saltar y la seguridad de aterrizar del otro lado del abismo. Esa sensación volátil, mezcla de miedo y expectativa. Sensual, depuradora y con un dejo de malsanidad.

Ahora terminó.

Pasa recurrente, deambula semioculta y experimento en esos momentos un morboso disfrute. Ya son parte de una dinámica a la que llamo "Conservación de las raíces".


A veces la veo llegar y no quiero evitarla. Es un mazoquismo iracundo que busca la superación enfrentándose cara a cara con sus eternos pavores.

Otras veces lo busco, echo sal en mi herida y la observo hasta que se reconstituye. Es un mazoquismo sanador y libertario que destituye el mandato de los deterioros ajenos.

Pienso en la solidez de mis orígenes como un contraveneno para los males del camino a la culminación; y así no permito que lo impuesto y no elegido atraviese las fronteras de mi pacífica comarca.