
Es más fácil es ver la turbulencia en el ojo ajeno que el delirio existencial en el propio.
Porque donde manda el tono indigno no manda otro cumplimiento que el de la ingratiud.


Justo ahí, donde la justicia esperaba ser honrada...Nos une carne y hueso; inexorablemente vendrá una oscuridad a llevarnos. Pero... no todos somos iguales.
Algo anda mal, algo falló; hace días que desaparece la identidad. Coreografía y todos al mismo compás. Frontispicio y aspecto anteceden el encuentro, impiden la equivalencia, filtran la uniformidad.
Antología y desemejanza, todo en uno. Vale doble. Más es mejor. Si es mejor... ¡qué les importa!
Una aplanadora mira de arriba, avanza y derriba. Un ojo observa, apunta... ¡Dispara!
Carne, piel, ego y vacío. Reducción infinita de la decencia humana.
No somos todos lo mismo pero no podemos evitar la coincidencia. Sólo importa lo que por los ojos entra.