martes, 23 de febrero de 2016

TRESCIENTOS SIETE SEGUNDOS

Son las 2 de la mañana y tu compañero llora. Entierra su frente en tu hombro. Hace tanta fuerza que vos pensás "Esto va a durar mucho tiempo". Y de golpe con una mano te aprieta el homoplato, de bronca que le da. 

Porque no te quiere descuidar pero le pesa la cabeza. Porque quiere que le paguen pero en estos casos querer no es poder. Porque no quiere que lo veas así pero igual quiere que lo abraces. 

Porque en ese espacio que queda entre los dos pechos cuando se abrazan, es el único lugar donde todo está realmente bien últimamente. 

Porque afuera no. No tanto. Para nada. Afuera está mal. Mal.

Te acordás del fin de semana, que sacaron un 2x1 para ir al cine, porque a la cabeza hay que darle un descanso. 

Pero enseguida dejás de dejarte la cabeza en paz y pensás "con la plata de esas entradas podríamos haber comprado 2 churrascos".

Qué rica es la carne asada. Huele a alegría y tiene gusto a infinito.

Y ahí ves, entre sus pelos revueltos, los frascos en la mesada donde queda arroz para 4 comidas y fideos para un par más. Y te acordás que en la heladera hay cebolla y zanahorias regaladas, porque todavía hay alguien que sabe que las cosas no están bien y quiso ayudar. 

A veces hay que dejarse ayudar. 

Por un segundo la cabeza se te va al carajo y flasheás "Para mi cumpleaños quiero que me regalen una parrillada completa". 

Pero volvés al living. Al sillón.

Y ahí él despega la frente de tu hombro y se abroja a tu cuello. Y vos pensás que es muy injusto. 

Siempre te dio náuseas la injusticia. La injusticia es una mierda. La caga el diablo para que los avaros tengan con qué alimentarse. Los egoístas comemierda también siempre te dieron náuseas.

Y te acordás que hay gente que ya ni te pregunta cómo estás. O en qué andás. Porque tus problemas le resultan menores. O los suyos le resultan mayores. O porque piensan que sos una loca. O una densa. O qué piba monotemática. 

O porque les da miedo acercarse mucho y ver que tu corazón está rajado. Rajado como el talón del nene descalzo que pide en la esquina del chino donde antes ibas a comprar 3 veces por semana.

Y entrabas y te decían "Hola" sonriendo. Y vos "¿Todo bien?". Y ellos "Sí, todo bien". Y sonrisa. 

Pero ahora no. Ahora vas una sola vez por semana si es muy necesario. 

Y entrás y te dicen "Hola" como de compromiso. Y vos pensás el "¿Todo bien?" pero no lo decís en voz alta. Y ellos miran más que nada al suelo. Y ya no te encontrás con tanta gente en las góndolas. Y el aire (o capaz es tu imaginación) te responde "Acá andamos, qué se yo..."

Y pensás que cómo pudieron ser tan idiotas si todos sabíamos que esto iba a pasar. Si esto ya lo vivimos. Si son los mismos de siempre. 

Y ahí te acordás que no son idiotas, que solamente estaban pensando en ellos mismos. Y que para ellos no pasó nada porque todavía tienen espalda para bancarla. O unos pesitos en el banco. O creen mucho en algún dios. 

Porque para ellos no son las 2 de la mañana ni su compañero llora enterrándoles la frente en su hombro. 

Vos igual sabés que mañana te chantás la sonrisa y salís. Porque en algo hicieron mella los cuentos de princesas con los que te inocularon. Porque por lo menos vos todavía tenés trabajo. Porque no hay que bajar los brazos aunque ahora pesen como mochila de bulones.

¿Qué es eso? Hay una lucecita allá en el fondo. Te acercás para ver qué es. Y te invade. Es la ira. La ira loca.

Y querés salir a las trompadas. Y pensás que menos mal que no tenés un lanzallamas a mano. Porque terminarías siendo una noticia bizarra más en los diarios. Solamente te recordarían como al chino que incendiaba mueblerías. 

La revolución es otra cosa.

Y ahora pensás en que si volvés a ver a tu compañero llorar así, sos capaz de ahorcar a 12 conejitos bebés con tus propias manos. 

Pero no, eso no está bien. Los conejitos son lindos. Y suavecitos.

Entonces con tu mente querés volver a un lugar feliz.

Querés volver a decir "¿Vamos a tomar un fernet al bar que tiene la moto en la puerta?". 

Querés que las respuestas ya no sean "No podemos, hay asamblea" o "No hay plata" o "No estoy de ánimo". 

Querés volver a escuchar "Obvio, con vos voy a ese bar y también al fin del mundo si me lo pedís".


domingo, 13 de septiembre de 2015

SEREMOS

A veces cuando no estás, en mis momentos de tiempo libre y sin pretenderlo, me siento a mirarte.

Proyecto un holograma que armo con tus partes sueltas, con mis preguntas inasibles.

Pensándolo mejor, quizás sí lo pretendo.

Y mientras te miro transparente, siento que un hilo me cuelga de la luna.

Son momentos que no duran más de 5 minutos. Los enciendo y los apago rápido porque palparte real me vulnera.

La certeza busca siempre a la duda. Es que tiene miedo de morir sin llegar a ser todo lo que puede ser.

Igual que vos, igual que yo.

jueves, 3 de septiembre de 2015


Me estoy haciendo de nuevo.

No es que estoy renaciendo.

Es que estoy creyendo por primera vez.


domingo, 14 de junio de 2015

MI SOSTENIDO

Las canciones que me hacen llorar hasta caer arrodillada, hasta hacerme consciente de la profundidad de mi ombligo, hasta que los huesos de los pómulos me empiezan a arder, son esas que hablan de que la vida se trata de ir rompiendo certezas.

Quizás es porque desde que nacemos, cargamos con una evidencia tan contundente e indestructible, que no podemos soportarla.

Hay que romper todas las demás.

La consciencia de que un día nos vamos a terminar, me domina. La música es lo que me va a salvar hasta que llegue ese momento final.

Ella me deja armonizar y me deja romper. Me arregla. Me hace empezar, sudar, seguir, reír, subir. Me excita, me explota, me relaja, me duerme.

No pienso caminar por esta vida sin exorcizarme cada vez que pueda. Cantar y llorar son lo mismo, aunque a veces no sea tan evidente.

jueves, 21 de mayo de 2015

MUTE


Estoy cambiando de piel. Estoy muriendo. Estoy saliendo de mi a jirones. 

Como me toca, como puedo, me desgarro hedionda de olor a nuevo. 

Si viviera creyendo que esto es todo, que ya fue, no tendría sentido ninguno de mis movimientos. 

Pero no, es lo contrario. Por mis venas se escurren ríos de espiral. 

No siempre avanzo con los ojos abiertos. Veremos. Algo puede empezar. En fin.

sábado, 25 de abril de 2015

LIBERACCIÓN


84 meses durmiendo al lado de ella. Soñándole al lado.

Un tiempo más grande que poco y más chico que mucho.

Más de 10 mil vueltas a su disco favorito de los Clash.

Sí, ella tenía hecho ese cálculo. Pasa que a veces, para sentirnos vivos, necesitamos sacar cuentas.

La cuestión es que esta mañana él la abrazó y le dijo: "No sé por qué pero de golpe no te quiero soltar. Me parece que hoy... hoy no me da lo mismo".

Es un dolor y un alivio cuando a algunos inconscientes se les da por mandarse a hablar así, tan contundentemente.

Dice Freud que todo bien.

domingo, 12 de abril de 2015

MÓNADA


Qué será lo que hago acá, si lo que quiero es estar escuchando miradas que me queman.

Yo no lo entiendo.

Qué será lo que espero mientras me agito.

Qué será lo que soplo mientras me aferro.

Qué será lo que me desafía, lo que me husmea, lo que me arrastra.

Qué será lo que no es, lo que grita robusto y sugestivo, hasta volverse más real que esta vida.

lunes, 10 de noviembre de 2014

VOLSER


Agoté aquel tiempo de billetes falsos y caperuzas de carne y hueso.

La asfixia me pisaba los talones. Compré aire. Aposté en falso. Pisé a perdedor.

Corrí en círculos en una kermesse de traiciones ajenas naturalizadas.

Me rifé en la credulidad. 



Me caí de la montaña rusa.



Ya me alejo de los huecos donde las piezas no encajan. Nazco en mi memoria. Crezco en la pasión.

En días alborotantes, no quiero escuchar de historias que empiezan por el principio o terminan por el final.

Si ya decidí que retroceder dos pasos no es regresar.
Si ya elegí que lo que lastima pasa.

Si ya entendí que las heridas quedan.
Si ya sentencié, ya mordí la verdad, ya me distraje de la mentira.


 

viernes, 29 de agosto de 2014

VOLOR


Besos blancos que de noche no se ven.
Yemas lejanas que hacen música sin fin.
Un segundo eterno vino a desatarnos.
Un pesar sospechado ayudó a redimir.

Abrir los poros y que se esfume
lo que el cuerpo estupefacto no quiere desacoplar.

Pasarle la carga al instinto del azar.
Hacerse un bollito. Fingir invisibilidad.

Te quise por distinto. Te deseo por real.

Hoy otra vez tuve ganas de tenerte,




(silencio)






y por eso te dejo ir.


miércoles, 26 de marzo de 2014

ABUR


Tiene el equilibrio perjudicado.
Confiar en su memoria del tiempo y el espacio fue una mala opción.
No se puede bailar al ritmo de un espectador indiferente sin terminar con los músculos afligidos.

Ahora será un rato de quietud. Un ruido callado. Un nudo elongado.

Y después lo mismo de siempre.

Chantarse la sonrisa.
Trenzarse con la frustración.
Zarparle la lata.
Y moverse para no esfumar.